El viernes pasado descubrí que mi vida está en un camino.
No es una metáfora.
El camino existe Es un pequeño y hermoso, muy hermoso camino.
Ese camino puede hablar de casi toda mi vida.
El viernes pasado, sobre las 21 horas, paseaba por ese camino junto a mi hija de ocho meses Celia.
El sol se escondía lentamente al Oeste, bañando de colores rojos y pajizos todo el paisaje de naranjos.
El sonido del agua, corriendo por la acequia, limpia y rápida, como yo la recordaba, refrescaba mis pensamientos.
El olor al azahar de estas fechas lo llenaba todo.
Para mí no es un camino.
Para mí ese camino significa principio y fin.
En ese camino he jugado.
Por ese camino he paseado.
En ese camino me he enamorado.
Por ese camino he acompañado, he despedido y he llorado amargamente.
Tan solo me he alejado de él durante unos años.
Pensé que deseaba cosas más grandes.
Pensé que las grandes cosas me harían más feliz.
El viernes pasado descubrí que he estado equivocada muchos años.
Me había perdido a mi misma.
Me había inventado una Rosa y me la había creído.
Algunas cosas aprendidas me gustan. Otras no.
Cogeré solo las primeras en la medida de lo posible y regresaré a aquel camino.
lunes, 7 de junio de 2010
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